Estudio alerta: la lluvia ya contiene químicos eternos

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Un estudio de la Universidad de Estocolmo confirmó un dato alarmante: el agua de lluvia contiene niveles peligrosos de PFAS, conocidos como “químicos eternos”, incluso en las regiones más remotas del planeta.

Qué son los PFAS y por qué preocupan

Los PFAS son compuestos químicos creados por el ser humano y usados desde hace décadas en productos cotidianos. Aparecen en sartenes antiadherentes, envases de comida rápida, cosméticos, espumas contra incendios y ropa impermeable.

A diferencia de otros contaminantes, estos químicos no se degradan. Por el contrario, se acumulan en el ambiente, viajan largas distancias por la atmósfera y regresan a la superficie con cada lluvia, nieve o granizada.

Lluvia contaminada en todo el planeta

El estudio reveló que el agua de lluvia supera los límites considerados seguros por organismos internacionales. Esto ocurre tanto en zonas urbanas como en lugares aislados, desde la Antártida hasta el Tíbet.

Los investigadores explicaron que ya no existe un “lugar limpio”. Incluso regiones sin actividad industrial directa reciben PFAS debido a su capacidad de dispersión global.

Riesgos directos para la salud

Diversas investigaciones vinculan los PFAS con cáncer, alteraciones hormonales, daño hepático y problemas de fertilidad. También se asocian con un debilitamiento del sistema inmunológico, lo que reduce la respuesta del cuerpo ante infecciones y vacunas.

Los científicos advirtieron que la exposición es constante. Las personas pueden ingerir estos químicos a través del agua, los alimentos y el contacto diario con productos que los contienen.

Un límite planetario ya rebasado

Los autores del estudio señalaron que la contaminación por PFAS ya cruzó un límite planetario. Esto significa que el impacto químico es tan amplio que pone en riesgo la estabilidad ambiental y la salud humana a escala global.

A diferencia de desastres visibles, esta crisis avanza de forma silenciosa. No genera explosiones ni incendios, pero deja consecuencias profundas y duraderas.

Urgencia de acciones globales

La conclusión del estudio es contundente. Reducir de manera drástica el uso de PFAS ya no es una opción voluntaria. También urge desarrollar sistemas de filtración efectivos y políticas internacionales más estrictas.

Sin cambios inmediatos, advierten los expertos, la acumulación de estos químicos seguirá creciendo y afectará a generaciones futuras.

La lluvia, antes símbolo de pureza, hoy refleja el impacto químico de la actividad humana. Cada gota recuerda hasta dónde se ha llevado al planeta y la urgencia de actuar antes de que el daño sea irreversible.

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