La Nueva Familia Michoacana: recompensa y control local

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Mientras Estados Unidos mantiene recompensas de hasta 8 millones de dólares por información que lleve a la captura de presuntos líderes criminales, en amplias regiones de Guerrero y estados vecinos la violencia y la extorsión siguen golpeando a comerciantes, transportistas y familias que pagan el costo cotidiano del control criminal.

Recompensas millonarias fuera del país

El gobierno de Estados Unidos ofrece recompensas de varios millones de dólares por información que conduzca a la captura de José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias El Fresa, y Johnny Hurtado Olascoaga, conocido como El Pez, señalados como líderes de La Nueva Familia Michoacana.

Ambos nombres aparecen vinculados a investigaciones por extorsión, violencia sistemática y control territorial, principalmente en regiones de Guerrero y el Estado de México. Sin embargo, esta presión internacional contrasta con la realidad que se vive a nivel local.

La violencia que sí se siente en las comunidades

En Guerrero, Morelos, Michoacán y zonas del Estado de México, diversas denuncias comunitarias y señalamientos periodísticos apuntan a que este grupo criminal mantiene sometidas a comunidades enteras. Según estas versiones, el control no solo se ejerce con violencia, sino también a través de la economía cotidiana.

Habitantes señalan que presuntamente se regula la distribución y el precio de productos de la canasta básica, así como de materiales de construcción, lo que impacta directamente en el ingreso familiar, el comercio local y la vida diaria. En este escenario, el miedo se vuelve rutina y la denuncia, un riesgo.

El dinero que no se ve

Mientras los líderes aparecen en listas internacionales y se anuncian recompensas millonarias, los señalamientos locales insisten en una pregunta incómoda: ¿qué pasa con los círculos cercanos? Comerciantes y pobladores cuestionan por qué, pese a constantes menciones sobre propiedades, negocios y estilos de vida de alto nivel, pocas veces se hacen públicas investigaciones patrimoniales de fondo.

Se habla, de manera reiterada, de movimientos financieros y bienes en lugares como Texas, Georgia, Toluca, Metepec y Calimaya, sin que exista claridad pública sobre procesos judiciales que sigan el rastro del dinero.

La factura que paga la gente común

Así, mientras unos son perseguidos a nivel internacional, otros parecen operar en la sombra. El impacto real lo siguen pagando quienes trabajan todos los días: comerciantes extorsionados, transportistas obligados a cuotas y familias que ajustan su gasto para sobrevivir en un entorno controlado por el miedo.

Las recompensas millonarias generan titulares, pero en los pueblos la pregunta sigue abierta: ¿quién investiga a los entornos cercanos y quién sigue el dinero? Porque mientras algunos nombres circulan en listas internacionales, las comunidades continúan enfrentando solas las consecuencias.

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