Cuando el campo resiste: papayas desde Tierra Caliente

Tras perder casi toda su huerta por el huracán de 2024 y la creciente del río Balsas, un productor del campo de Pungarabato volvió a sembrar papaya y otros cultivos. Con trabajo familiar y precios accesibles, demuestra que la agricultura familiar en Tierra Caliente sigue viva.
El campo golpeado por el agua
A un costado de la carretera Ciudad Altamirano–Tlapehuala, en el crucero de la comunidad de Santa Bárbara, hay un punto donde el campo no solo produce fruta, también produce esperanza. Bajo el sol intenso de Tierra Caliente, don Ángel Aguilar Carvajal acomoda papayas que él mismo sembró, cuidó y rescató después de uno de los años más difíciles para el agro guerrerense.
El huracán de 2024 y la creciente del río Balsas entraron sin avisar por la zona conocida como Arroyo de la Caja, en las Lomas de Apopio. El agua arrasó con árboles, surcos y meses de trabajo.
“Nos tumbó casi todo”, recuerda don Ángel, sin dramatismo, como quien sabe que en el campo también se aprende perdiendo.
Volver a sembrar en Tierra Caliente
La necesidad y el amor por la tierra lo obligaron a levantarse. Con el respaldo de sus hijos, que lo apoyaron durante el periodo vacacional, decidió empezar de nuevo. Hoy su huerta cuenta con alrededor de 200 árboles de papaya, además de limón, maíz y girasoles que pintan de amarillo el paisaje.
“Somos productores de aquí, calentanos”, dice con orgullo. La papaya se convirtió en su principal cultivo: fruta dulce, madurada de forma natural, regada con agua de pozo y del arroyo, sin químicos ni prisas.
Cada papayo comienza a producir a los siete meses y puede dar entre 60 y 80 frutos. “Todo depende del cariño que se le dé”, resume, mientras revisa uno por uno los árboles.
Papaya accesible para las familias
Pero si algo distingue a don Ángel es su manera de vender. En lugar de elevar precios, decidió ofrecer la papaya por pieza: desde 20, 30 y hasta 50 pesos, pensando en las familias del campo y de la cabecera municipal.
“Cuando a un productor le va bien, en muchos hogares hay papaya barata”, afirma. Su lógica es clara: que alcance para todos. Esa visión solidaria lo ha convertido en un punto conocido entre quienes transitan la carretera y buscan fruta fresca y económica.
El futuro también se siembra
La huerta está en plena cosecha y la producción alcanzará para varias semanas. Mientras corta y acomoda las papayas a la orilla de la carretera, don Ángel también mira al futuro. Uno de sus hijos estudia agronomía, siembra girasoles y decidió quedarse en el campo.
“Es pesado, sí, pero es bonito”, dice. Y lo dice alguien que lo perdió casi todo y aun así volvió a sembrar.
En Tierra Caliente, cuando la tierra vuelve a dar fruto, no solo se cosechan papayas. Se cosechan dignidad, trabajo y la certeza de que para el campesino rendirse no es opción.
